
No sé cuantas veces he vivido esto contigo, pero confieso que me sigue gustando. Desprecio. Lujuria. El mismo sentimiento revuelto en la cama. Me gusta ver tus ojos de agua lamiendo mis entrañas. Me gusta esta posición de poderío que te hace sentir humillada. Me gusta tu deseo. Odio tu dolor.
- ¿Sabes algo mi amor?, me encanta este momento.
A mí no. Prefiero entrar y salir sin preguntar. Saltar del momento para matar lo que fue y, hacer de esto un simple recuerdo. Recuerdo que me ayuda a saber lo que fui, pero que nunca me ha impedido seguir sin tí. Vete, vete ahora que ya me cansé de este plato insípido lleno de silicona y hormonas. No eres lo que imaginaba y no sabes a nada.
- Fue maravilloso…Te amo
¿Maravilloso? ¿Te amo? ¡¿Pero qué es lo que tenés en la cabeza?! Esto fue sólo sexo y, del más sucio… ¡Que maravilla! Si, tenés razón, aunque la razón no implica verdad y mucho menos decisión. Y mi decisión Mariana, es dejar el placer. Dejarte para siempre.
- Mi amor, me llamas ahora cuando llegues a casa.
Vuelvo a mi estación. A mi paradero viejo. Al lugar en donde espero encontrar esa verdadera maravilla que implica el amarse y el desease hasta no poder más. Utopías que creen vivir los enamorados, pero que no sirven para vivir. Amor al que se le escribe y que no agradece.
Añeja mi sangre, para cuando tengas el paladar bien afinado y puedas catar las gracias de mi amor. Mientras tanto, púdrete en tú felicidad incierta de esperar en él lo que yo te puedo dar.