Actividades inútiles

Para ti, que el fondo me crees.
— ¿Por qué no haces algo?
— Eso hago
— ¿Qué?
— Estoy trabajando.
— No te veo trabajar, sólo estás echado leyendo todo el día.
— Bueno, mañana busco trabajo.
— ¡Eso! Y comience por llevar la hoja de vida donde su tío, recuerde que hace más de un mes le dijo…
— Pero allá no hay nada para mí.
— ¡Cómo que no! Todos sus primos ingenieros están allá empleados y ganando buen dinero. Acaso es que usted estudio Ingeniería Electrónica para dejar perder el dinero…
— No, yo lo estudie para darte gusto… ahora es tiempo de darme el mío.
— ¡¿Cómo?! ¡¿Perdiéndolo ahí en ese computador?!
— No, también leyendo días enteros.
— Usted verá… Pero si no busca qué hacer es mejor que se vaya. ¡Eso sí!, se lleva ese montón de libros para desocupar la habitación y poder alquilarla…
— Mañana busco un lugar…
— ¡Más le vale!…
— …
— ¡Má!
— ¿Sí?
— ¿Puedes darme el desayuno?... Tengo hambre.
— Claro mi amor. ¿Huevo frito o revuelto?
— Revuelto… como el amor de Oliveira y Lucía.
— ¿Y esos quienes son?
— Unos amigos que me acompañan en esta actividad literaria inútil.
— Bueno, entonces dígales más bien que lo acompañen a buscar trabajo.

Todo un cuento

Lo irónico de este amor
fue que el pesonaje que creé,
terminé amándole
más allá del punto final.

¡Dejemos la maricada!

Columna Revista El Clavo

Desde la época del colegio este tema me acompaña. Es lógico. Fui educado en un colegio franciscano que por excelencia (no me refiero a su educación) es masculino y ciertamente con mayor facilidad para fomentar ambientes de cariño varonil. Recuerdo que era normal ir en manada al baño, darse nalgaditas como señal de apoyo, consentir al amigo enfermo, caminar abrazados y algunos hasta llegaron a hacerlo cogidos de las manos con los dedos entrecruzados. Todo era parte de una cotidianidad que permitía a los más osados salir del closet.

Si bien es cierto que esas muestras de ternura no obedecían, en su mayoría, a una inclinación rosa, generaba confianza a los que sí la tenían. Un impulso que pagaban con creces, pues una cosa era entrar en la lógica del manoseo permitido y otra muy distinta decir que gozan de gustos vigorosos. Pobres tipos. Sus vidas se reducía a burlas gigantescas, como la que sufrió un estudiante en medio de una misa en el coliseo cuando desfiló para tomar la hostia y todo el colegio gritó al unísono: “¡LOCA!”. A partir de ahí eran una especie de leprosos que nadie se les acercaba, sólo su convertido gay-mejor-amigo. El único tipo capaz de entenderlo y no juzgarlo.

Desde hace varios años el colegio ya es mixto, un reajuste debido a la tendencia a la baja en las matrículas, algo que permitió disminuir la crueldad contra “el diferente”, ahora la comparten con las marimachas. Ejemplos a escala de la discriminación que se vive en la sociedad. No en vano cuando nos reunimos con los compañeros del colegio nadie quería reconocer amistad alguna con D. A., el gay de nuestra generación.

Este antiguo trato repelente hacia los homosexuales comienza precisamente ahí, en el colegio. De ahí mi celebración cuando supe que en el Valle del Cauca había salido una cartilla para docentes que busca dar pautas en educación sexual, especialmente en el reconocimiento de la diversidad de género. Se trata de una serie de folletos, libros y CDs que contienen canciones que invitan al respeto, cuentan historias homosexuales, de lesbianismo y homofobia. Pero ¡oh sorpresa!, la semana pasada vuelvo y me entero que en esta misma ciudad, la que ha parido grandes artistas, cineastas, actores, actrices, concejales y gobernadores —no importa su inclinación sexual—, es la misma que tiene seres retrógrados que ahora quieren censurar esta iniciativa porque, según ellos, es una herramienta pedagógica que “induce al homosexualismo”.

Por eso no sorprende la tardanza que hemos tenido en reconocer derechos a las parejas del mismo sexo, entre ellos formar una familia. Argentina acaba de dar el primer paso en Sur América al avalar los mismos derechos que tienen los heterosexuales para los homosexuales. No obstante, en nuestra patria boba (¡estúpida!) pasará un par de eones antes de acabar con esta discriminación, que se coló incluso en la Constitución de 1991 a pesar de ser tan “liberal” (léase el Articulo 42).

Me pregunto: ¿qué será de la vida de mis compañeros que salieron del locker? ¿Por qué ellos no van a nuestras reuniones? ¿Hoy, diez años después, todavía nos avergonzaríamos al saludarnos? ¿Finalmente quiénes son los de la maricada?

Bonus Track

Excúsenme los lectores que esperan divertirse con la columna, pero este tema no puede seguir siendo motivo de burla, ni que se tratara de un artículo sobre Ricky Martin.

Marbelle vs. Natalia Paris


Columna Semanal
Revista El Clavo

A simple vista esta comparación puede resultar odiosa y sensatamente absurda. Lo entiendo y créanme que hasta la semana pasada estuve de acuerdo. Pero después de apreciar a Naty Paris en cueros, gracias a las astucias de la Revista SoHo, no pude evitar pensar inmediatamente en lo parecida que es a Marbelle: otra hermosa mujer que había posado desnuda en más de una ocasión para la portada de esta publicación.

Ya imagino los madrazos que me debo estar ganando por tan osada comparación. De antemano quiero ofrecerles mis más sinceras excusas a todos los seguidores de Marbelle por mi atrevimiento, aunque espero convencerlos de que no es un insulto referenciarla con la desnutrida paisa; una modelo que todavía no ha sido merecedora de una telenovela y que, si acaso, sólo ha protagonizado escándalos mafiosos, chistes flojos y un par de películas (una de ellas todavía está En Coma).

Sin más rodeos, comencemos por lo obvio, ambas son divas que se han preocupado y destacado por su físico, basta con valorar sus curvas acentuadas por el bisturí para darse cuenta. Lamentablemente fueron atendidas por diferentes cirujanos. Éste podría ser un primer punto de discordia, pues uno de ellos confesó ser seguidor del arte fantástico y lo imprimió en el trabajo con la reina de la tecno-carrilera. Pero no nos pongamos con pequeñeces, tanto la rubia como la morena quedaron en su punto.

Ahora bien, alejándome de las banalidades de lo físico, donde queda claro que la juventud se impone —recuerden que Marbelle tiene apenas 30 años, aunque no lo parezca—, entraré a comparar sus talentos que las llevaron donde hoy están: en Teras de información de discos duros de computadores, donde no nos cansamos de guardar sus imágenes. Ojalá y pronto sigan los pasos de Luly Bosa y Ana Karina Soto para que la saquen del estadio. Bueno, retomando el tema de sus talentos resulta sencillo ver las semejanzas, las dos comenzaron muy jóvenes a mojar prensa y destacarse en su oficio del entretenimiento. Por igual asombraron con sus movimientos y destrezas ante las cámaras fotográficas. Si me apuro, advertiría que nuestra protagonista de novela podía haber sido también una gran modelo, así lo demuestran las fotos del último trabajo discográfico; unos retratos dignos de hacer parte de la sala del Museo Nacional donde reposan obras tan hiperrealistas como La Naranja de Fernando Botero.

Después de todo este balance escueto sólo me resta dedicar mi columna a estas dos mujeres que me hacen perder el sueño. La primera lo hace de una manera directa cuando por desgracia la veo actuar y sus primeros planos me atormentan la noche. La otra en cambio, se cuela en mis sueños desde hace varios años donde he anhelado haber tenido los cogones de seguir los pasos de tanto traqueto que la tuvo a su lado. Hoy nada más me quedan estos medios —impresos y virtuales— para expresar mi encanto por una paisa que podría hacerme olvidar el repudio que me produjeron sus paisanos, gracias a un enano que tuve que escuchar los últimos ocho años.

¡Gracias a las dos por existir!, sobre todo a ti Mauren Belky que con tus encantos cada vez me haces desear más a esas insípidas que no te llegan ni a los tobillos.

Ni DiCaprio ni Brad Pitt me hacen llorar

Columna Semanal
Revista El Clavo


Desde que tengo uso de razón —entre los 14 y 15 años— rondo las salas de cine, realizando mi terapia semanal de estar a oscuras viendo una película. Ya alguna vez escribí sobre ese Ritual Solitario, el cual comenzó precisamente viendo una de las películas que más lágrimas femeninas ha generado. Hablo de Titanic. Una cinta que por ese entonces era la sensación, por la cantidad de nominaciones a los premios Oscar, catorce para ser más exactos, y porque el pobre de Di Caprio moría congelado. A decir verdad, nunca logré entender por qué tuvo tantas nominaciones, ni cómo alguien podía llorar viendo a ese tipejo. ¿Es que acaso no se daban cuenta que era ficción?

Era entendible que en mis primeros años de racionalidad este tipo de manifestaciones me dejaran, por no decirlo menos, aterrado. No me cabía en la cabeza que la gente se conmoviera con Brad Pitt en la escena final de Seven, en vez de aplaudirlo por su actuación en Doce Monos. Para mí era claro que uno iba a cine a entretenerse, no a que lo devolvieran melancólico y mocoso. Sin embargo, de tantas visitas a las salas fui descubriendo que había filmes que inyectaban mugre en mi ojo y que curiosamente me alegraban la noche.

A partir de ahí, empecé la lista de películas lloronas. Una serie de títulos que procuraba repetirme a solas, con el fin de llorar tranquilo. Es que es muy bravo hacerlo a lado de tu papá o tu novia, nada de eso: “¡los hombres no lloran!”. Así que yo no lo hacía… en público. Digamos que era una especie de ceremonia de recogimiento que no necesitaba participación grupal.

Recuerdo que en los inicios de mi deshidratación, procuraba no retomar el tema de Titanic, del que tanto me había burlado, pues ya no tenía derecho. A mi favor, solo podía argumentar que casi todas mis películas lloronas eran de productoras y directores independientes. En mí no hacía efecto las fórmulas de grandes producciones, con héroes y heroínas de Hollywood, que tenía un banda sonora tipo sinfónicas. Por el contrario, eran las historias de barrios, de amigos, de seres humanos parecidos a los que me rodean, que lograban activar el llorómetro.

Aunque sé que no todos tienen la misma debilidad ocular, lograr esa reacción en un espectador es la satisfacción del deber cumplido, tal como lo hace la risa en una comedia. Es cierto que hay métodos amarillistas y público, un tanto estúpido, al que se conmueve fácil. Pero también es claro que una buena historia con elementos dramáticos bien argumentados, desenlaces sorpresivos y finales sensatos, cautivan a cualquiera, al punto que olvidamos, durante ese tiempo, dónde estamos.

Así que si usted es de los que mojan pupila y está orgulloso como yo, le recomiendo la siguiente terapia que recorre brevemente desde lo clásico hasta lo más reciente: Casablanca, Cinema Paradiso, Voces Inocentes y la película que no he podido superar a pesar de haberla visto más de diez veces: Habana Blues. ¿Cuándo será que Benito Zambrano saca su próximo filme a ver si dejo la pendejada?

¿Qué ha pasado con el cine colombiano en 2010?

Artículo publicado recientemente
en la edición 53
de la Revista El Clavo
.

Durante los dos últimos años, la producción de películas colombianas tuvo un pico interesante en la cantidad de filmes realizados en el país. Este hecho, clave en la conformación del cine colombiano y la tan nombrada Industria Cinematográfica —que todavía está lejos—, ha tenido una fuerte caída en el primer semestre de este año. Si bien el 2008, con trece películas criollas proyectadas, tiene hasta el momento la medalla de oro al año con más estrenos, el 2009 no se quedó atrás al exhibir doce (incluido el documental El retrato de mi padre). Entonces, ¿qué está pasando ahora? ¿Por qué no continuamos con el ritmo? ¿Será que se está acabando la gasolina de las productoras?

Al iniciar el año, la lista de películas para estrenarse llegaba a veinte, sin embargo, hasta el momento han rodado por las salas sólo cinco, de las cuales tres son coproducciones con países como Perú, Panamá y Costa Rica. Ésta, es una de las razones de los pocos títulos colombianos en cartelera, pues normalmente en una coproducción, el país invitado es el que más inyecta capital. Hecho que le permite organizar el circuito de exhibición, donde primero se viaja a países con festivales, que llena de insignias las cintas, con las que llegan a su país, para luego ir por el público colombiano. Requisito que tienen, no sólo las empresas distribuidoras, sino el imaginario del espectador: entre más premiada sea la película, más vale la pena invertir en la boleta.

Ahora bien, las películas made in Colombia, que son rodadas completamente en el país, con el sudor y bolsillo de compatriotas, la tienen más difícil. Pues, en el proceso de producción de cada cinta hay el mismo problema: no alcanza el billete para la postproducción y exhibición. En Colombia, por una parte, la mayoría de los estímulos destinados para el cine se concentran en la preproducción y rodaje, pero son bien pocos los fondos destinados para llevarla a la pantalla grande. Por otro lado, las empresas de exhibición del país, no está teniendo buenos dividendos de estos filmes, es decir, hasta el momento, no es un buen negocio.

Frente a este panorama, no sorprende que la tendencia sea la caída de las producciones. Nadie podrá competir con los requisitos mencionados, a menos que la bolsa de dinero para la postproducción aumente o se eduque al espectador, como lo propuso Óscar Ruiz Navia (El vuelco del cangrejo) durante un cine foro que se hizo en Bogotá, sobre su ópera prima. En ese orden, sería mejor apostarle a lo segundo, pues ya es mucho cuento que exista una Ley que permita rodarlas.

Hay que educar y entender los gustos del espectador, quien siempre está dispuesto a divertirse y dejarse llevar por una buena historia. Todavía la balanza se inclina por el entretenimiento —cosa que tiene bien clara Dago García, cineasta que, durante la última década, ha hecho una película cada año—, por eso, el reto es llenar de buenas historias e identidad al cine colombiano.

El camino no es inundar de cintas que duren una semana en cartelera y ya. Lo ideal será celebrar dentro de poco el pódium del año con películas colombianas que tuvieron más de cinco millones de espectadores, así sea que se estrenen seis al año.

Los lectores que no leen

Columna Opinión
Revista El Clavo


Hace algún tiempo, mientras editaba la revista El Clavo, tuve una discusión acalorada con un escritor que vertiginosamente había ascendido hasta el Consejo Editorial. A decir verdad, fui uno de los que abogué para que entrara, sin imaginarme que iba generar más problemas de los encontrados en la mala redacción de los escritos que llegaban.

Todo sucedió cuando le entregué el Manual Editorial de la Revista, donde se expone, además de otros pormenores, que “(…) Se recomienda a los escritores que antes de escribir para la Revista piensen que: (…) Los que leen El Clavo son estudiantes universitarios y de colegio, que no tienen la lectura como hábito…”. Frente al enunciado, que me parecía de lo más coherente con las estadísticas de lecturabilidad, el novato presentó airadas protestas. Argumentó que ya no haría parte de la Revista porque no deseaba ser leído por quienes no leen y, concluyó tajantemente, que era una estupidez hacer una revista para no-lectores.

Antes de aceptar su renuncia traté de persuadirlo, pues considero que es una pluma prometedora. Refuté su rabia invitándolo a un café y explicándole que lo que se pretendía era incitar a los escritores para que redactaran textos con prosa sencilla y atractivos al público joven. Quise darle a entender que los lectores que sí leen ya los teníamos cautivos y que queríamos llegar al resto del mercado, para ver si le arañábamos un poco de su mesada, que destinaban responsablemente a las cervezas. Sin embargo, de nada sirvió la inversión del café, sus argumentos fueron más sólidos y hoy, estoy de acuerdo con él.

En ese momento, era descifrable mi posición. No quería dejar ir un buen escritor y debía cumplir con un Manual, que era mi camisa de fuerza. Cuando comenté al Consejo Editorial el motivo de su renuncia, todos prácticamente se burlaron por tan ilógica decisión e inocentes argumentos. Pero, el ñoño-lector que tengo adentro había quedado muy decepcionado. ¿Realmente teníamos cautivos a los lectores-lectores? ¿Sería que tenía lavada la cabeza? Después de esto, ¿podría seguir como Editor?
Pues bien, ahora sé que es un absurdo pretender que los lectores sean un nicho de multitudes. Nunca lo han sido, ni lo serán. Entonces, ¿cómo competir entre los medios impresos y los audiovisuales, que se suponen son los preferidos? Martín Caparros dice, en el prólogo del libro Las mejores crónicas de Gatopardo, que con la aparición del Cine y la Televisión “muchos supusieron que la escritura era el modo más pobre de contar el mundo: el que ofrece menos sensaciones de inmediatez, de verosimilitud. La palabra no muestra: construye, evoca, reflexiona, sugiere. Ésa es su ventaja”.

Como herencia de mi tiempo de editor, eliminé ese argumento del Manual. Primer paso para desvirtuar la idea del lector-no-lector. No es gran cosa, pues hoy en esta Revista, y en la gran mayoría, hay cada vez menos espacio para el texto y más para la imagen. Una decisión que va de la mano con el mismo argumento. Afortunadamente, todavía hay publicaciones para ñoño-lectores como Gatopardo y El Malpensante, que dan espacio a textos de largo aliento. Ahora que recuerdo, no soy suscriptor de ninguna. ¿Será que cancelo las de SoHo, Playboy y Donjuan para hacerlo en estas revistas?... Difícil paradoja, mejor las sigo leyendo por Internet.

Santa Payola

Columana Semanal
Revista El Clavo

Si uno busca este término en el Diccionario de la Real Academia Española, no encuentra significado, a pesar de su parecido con la palabra Paella. Sin embargo, cuando entendí el uso popular de dicha expresión, supe que poco se trataba de culinaria.

La primera vez que la escuché fue en una reunión con unos amigos, que se dedican a la música, quienes dijeron que habían tenido que darle “payola al portero para dejarlos entrar”. Ya entenderán por qué pensé en comida: nada mejor para un celador que un buen plato recalentado. Pero, al saber que se trató de dinero, no pude evitar mi sorpresa por ser el único ignorante.

Pues bien, mi desinformación se debía a que no estaba familiarizado con el mundo de la música, donde todos saben de qué se trata. Enterarme que al soborno le tenían un apodo tan peculiar no fue gran cosa al lado de las utilidades 'payoleras' que obtienen los programadores y directores de emisoras. Tal como sucede en la política, donde muchos saben que en los contratos hay tajadas para los mandatarios, en la música hay que pagar boletos para ser programados y triunfar.

Al parecer, este no es un negocio transparente a los ojos de los gerentes y dueños de las cadenas radiales, quienes no pierden su tiempo en pequeñeces. Éstas dejémoselas para los que tienen el poder al aire, reconocimiento en la clase popular y salario ajustado. Ellos deben ayudar a las nuevas promesas de la música, pero, ¿hacerlo gratis? No, definitivamente el trabajo tiene su precio, que, según algunos músicos inversionistas, puede llegar hasta tres salarios mínimos por emisora, digo por programador o director. La suma se convierte en millonaria, si se desea pegar una canción a nivel nacional. ¿Acaso alguien dijo que sería barato?

La indignación que compartí con mis pobres amigos, que todavía no suenan en la radio, se esfumó al entender que así funcionan las cosas. Si usted se dedica a la música, tiene dos caminos. El primero, de gran facilidad y poca concurrencia, es tener una chequera de papi que financie tan costosa carrera. El segundo, se trata del recorrido por el obrero musical; trabajar en bares los fines de semana para conseguir dinero, que a su vez sirve para pagar un jefe de prensa o manager, preferiblemente bien farandulero, quien logre llevar su música a las emisoras. A partir de ahí, deberán doblar sus turnos en los bares para poder dar payola, que finalmente no les asegurará el éxito, éste depende también del talento… para seguir consiguiendo billete.

Definitivamente el panorama no es alentador. Menos mal, deben existir casos donde han conseguido un mecenas que los llevó a una exitosa carrera, sin cobrar más que su porcentaje. Eso es posible, así como no hay duda que la política tiene funcionarios honestos. Hoy creo que esta palabra, payola, está más cerca del término payaso, tal como los que anuncian en los restaurantes del centro el menú del día. Un trabajo digno, pero que por su baja paga, siempre se cuadra con la propina.

Ingrid Betancourt, yo le creo

Columna Semanal
Revista El Clavo


Tras la noticia del pasado viernes sobre la demanda que impuso al Estado, la secuestrada más famosa de Colombia, Ingrid Betancourt, la respuesta de indignación no se hizo esperar por parte de todos los colombianos, quienes de inmediato la tildaron de malagradecida, hipócrita, oportunista, bipolar, loca y hasta HP.

Confieso que recibí con asombro toda esa avalancha de mensajes y comentarios en contra de la ex-candidata presidencial, pues, por una parte, me llegaron antes de saber lo sucedido y, por otro lado, porque no pensé que fuera cierto. Así que esperé hasta que la propia Ingrid lo confesara. Por eso, y después de haberla escuchado en la entrevista, ¡yo estoy con ella y le creo! Ya incluso abrí un grupo en Facebook solidarizándome. Hasta el momento tiene cuatro integrantes fuera de mí: Yolanda Apulecio, Astrid Betancourt, Mélanie Claire y Lorenzo. Espero pronto superemos al grupo de fans del novelón de Marbelle, que ya va por los 10.000 seguidores.

Es que, ¿cómo no creerle a nuestra Juana de Arco criolla? Ella que ha sido tan noble y sincera. Por ejemplo, cumplió la promesa de no cortarse el pelo hasta que salieran todos los secuestrados. Ahora lo tiene un poco más corto, pero sigue con pelo, así que técnicamente ha cumplido ¿no? De igual manera, ha sido coherente con lo de su demanda al Estado, con Uribe a la cabeza, pues ratifica sus declaraciones, durante el cautiverio, en contra de él. Esto no quiere decir que sea malagradecida, la Operación Jaque era lo mínimo que tenía que hacer por ella.

Ahora bien, dejémonos de fruslerías y atendamos bien a sus declaraciones de ayer. En primera instancia, dejó claro que todo este hecho no es una demanda al Estado como tal, sino una demanda de atención. Lo que ella quiere es poder contarle al Presidente y a Colombia cómo fueron los verdaderos hechos de su secuestro. Ella sabe muy bien del bajo índice de lecturabilidad en nuestra Nación, por eso no lo hizo por escrito. Además, lo del dinero es una forma de solucionar salomónicamente el valor de los derechos de semejante chisme bomba, por eso no puso a pelear a la empresa privada, sino que nos los cobró a todos, por nuestra sed de conocimiento banal. Vuelvo y le reitero mi apoyo señora Ingrid, sólo que creo que se le fue la mano con el monto, debieron ser unos 100 millones de dólares, para no quedarse atrás de la ex de Tiger Woods. Al fin y al cabo, entre ex se entienden.

Finalmente, lo principal que hay que destacar de la entrevista que hizo ayer Darío Arismendi a la Doc Ingrid, es que no ha perdido su gallardía y su inmenso feeling hacia la controversia. No en vano, tomó la vocería de sus compañeros de cautiverio en esta “solicitud de conciliación”, en la cual, además, mostró lo austera que es, pues la tajada de ellos es la más baja, de tan solo $5.831 millones. Muy diferente son los $9.600 millones que piden Yolandita y sus nietos, quienes tienen más gastos, ¡obvio!

¡No se arrepienta Ingrid!, ya tiene cinco integrantes del grupo de Facebook que estamos con usted y esperamos nos cuente la verdad. No se preocupe, su credibilidad está intacta. ¿Acaso contradecirse es mentir?

Bonus Track: Audio de entrevista a Ingrid Betancourt


La caída de las pollas… mundialistas

Columna de la semana
Revista El Calvo.

La semana pasada, en el Mundial Sudáfrica 2010, se produjo una hecatombe: dos de las grandes selecciones de fútbol, Brasil y Argentina, fueron eliminadas. Una situación que solamente fue vaticinada por los comentaristas deportivos colombianos, según sus propias declaraciones tras los resultados de los partidos.

Me confieso fanático de estos tipos. No concibo apreciar un partido de fútbol sin escucharlos. Son una especie de sabios criollos que siempre atinan en todo… al finalizar el partido. Desde niño me he preguntado ¿por qué no se han postulado como directores técnicos de nuestra Selección?, seguro lo harían mejor que cualquier Bolillo, o en caso contrario, sabrían explicar, con suficientes adjetivos, el motivo del fracaso.

Retomando el tema del fracaso argentino-brasilero, que sentimos como propio, sobre todo cuando perdimos plata en la polla mundialista, soy de los que rotundamente apoya los acertados y magnánimos comentarios, frente a este suceso desastroso, de Iván Mejía y Carlos Antonio Vélez. El primero, sin pelos en la lengua, se refirió a la selección Argentina, de la siguiente manera: “¡Esto, todo el mundo lo sabía, se veía veniiiir! Pues, a pesar de que la selección tenía con qué, tenía jugadores, le faltó técnico. Le faltó un tipo que, a parte de cogerles las nalgas a toda hora a los jugadores y darles besos, pensara y organizara, a la hora de la verdad, los cambios que requiere un partido. Él es un mito viviente del fútbol como jugador, pero no como técnico”. Nadie lo hubiera podido expresar mejor, usted tiene la razón Iván, no entiendo cómo en Argentina no se dieron cuenta.

Ahora, cuando Carlos Antonio dio su veredicto, mi admiración por él incrementó. “El problema de Brasil fue de contundencia, definición, decisión y sentencia, pues tuvo todo el primer tiempo para liquidar el partido, pero no lo hizo. Hoy, Dunga está pagando la ausencia de jugadores en el banco que hubieran podido dar vuelta a un marcador. Él quiso que fuera así, por eso hoy está fuera del Mundial”. ¡Qué belleza este hombre! Sus comentarios y léxico demuestran el profundo conocimiento que tiene de fútbol y letras. Por eso, nunca dejaré de sintonizarlo profe.

Sin embargo, estas grandes revelaciones me llegaron tarde. Fui de los que apostó por una final suramericana: Brasil vs. Argentina. Un duelo que no podremos ver ni siquiera en las próximas eliminatorias, pues los verde amarelas tienen paso directo al Mundial por ser el país organizador. Por lo pronto, buscaré comunicarme con este par de colegas para ver si me ayudan a conseguir empleo con ellos para ir a Brasil 2014, ya compré el Diccionario de Sinónimos y Antónimos para ampliar mi léxico. De no ser posible lo del ‘camello’, por lo menos, les pediré que me anticipen el resultado de las semifinales y la final de Sudáfrica 2010, para ver si esta semana recupero el billete de la cuota del Icetex.

Finalmente, bajo la lógica del trabajo de los comentaristas, voy a proponer a los organizadores de las pollas, que nos den la oportunidad de cambiar nuestros presagios tras los resultados de los partidos. Eso sí, aclarando que uno ya sabía que “¡eso se veía venir!”, y apoyándonos en las sentencias de mis sabios sin pelo.

El periodismo, mi ramera favorita

Columna Semanal
Revista El Clavo

Desde la semana pasada gracias a la torpeza que tengo para caminar a oscuras, ando con un yeso en mi mano que, según el médico, “sellará el túnel metacarpiano del quinto dedo” de mi mano derecha y por ahí derecho mis ganas de escribir. Pues desde entonces, no soporto el problema psicomotor que tengo entre el teclado y los dedos tiesos. Por eso, he decidido durante estos 25 días, escribir sólo lo estrictamente necesario —crónicas, cuentos y columnas—, para darle paso a la lectura. Es bueno, de vez en cuando, leer algo más que los e-mails de la ola verde que todavía me llegan.

Cumpliendo juiciosamente mi nueva actividad, encontré en mi biblioteca un libro de Ryszard Kapuscinski —no se preocupe si no sabe leer el nombre, mi polaco tampoco es bueno—. El libro era Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo. Un título que atrajo mi atención, aquello de “el buen periodismo” me vendría bien. El texto, lejos de ser un manual —que anhelaba—, es el recuento de un conversatorio dado, en 1999 en Italia, por este gran periodista polaco, experto en los conflictos tercermundistas y en vivir viajando-escribiendo.

Para mi asombro, aquel libro no trataba temas ajenos a mi condición de ingeniero-periodista, por el contrario reafirmaba varios hechos de los que he sido testigo y partícipe. Entre los temas a resaltar, está que el periodismo dejó de ser de los periodistas y pasó a manos de los empresarios. Desde la segunda mitad del siglo XX, especialmente en los últimos años, tras el fin de la guerra fría, la información se cotizó y todo gracias al espectáculo. Y mi papá diciendo que había botado su plata porque no me dediqué a la ingeniería.

Es por eso, que a partir de ahí, grandes empresarios, no importa de qué rama: banqueros, aseguradoras y hasta compañías de gaseosas, se dedican a hacer periodismo, quiero decir: a vender y comprar gracias al periodismo, sin tener que saber de él. Con esto, no quiero demeritar la labor que tienen estos empresarios para conseguir nuestro cheque mensual, sino exponer el problema de fondo que vivimos los primíparos de este oficio al encontrarnos con directores de medios que nada saben de periodismo. Alguna vez fui uno de los que no sabía de ninguna de las dos, cuando dirigí la Revista El Clavo, pero procuraba improvisar más en el cuento del periodismo.

Hacer negocio con el periodismo no tiene ningún problema, lo grave es dejar a un lado a los grandes periodistas que pueden enseñar a los novatos sobre cómo hacer este oficio y reemplazarlos por ingenieros, administradores y hasta publicistas, que se suponen saben hacer billete. Un despropósito que no parece tener reversa.

Ya decía yo que esto de tener tiempo de ocio por mi incapacidad me iba a traer problemas, pues por andar leyendo pendejadas ahora resulta que no sólo mi papá sí perdió su billete, sino que tendré que ponerme de nuevo el traje de empresario para tener un futuro estable en esto. Bueno, espero que la terquedad característica de los ingenieros me sirva para seguir dedicado a escribir y viajar como Kapuscinski, Gay Talese, Tomás Eloy Martínez o el mismo paisano de Alberto Salcedo Ramos, de quien les recomiendo su más reciente crónica sobre Diomedes Díaz.

ADANES: El retrato del fruto prohibido en la actualidad

Artículo publicado en la edición más reciente
de la Revista El Clavo, Ed 52.


En algún momento todos hemos escuchado sobre el mito de la creación que asegura que al inicio de los tiempos solo existían Adán y Eva. Una pareja exhibicionista que se paseaba desnuda entre animales en un lugar llamado El Paraíso. Sin embargo, pocos deben conocer un sitio de encuentro sexual masculino, donde los trabajadores se exponen desnudos colgados a los árboles. Pues bien, este paraíso contemporáneo, a pocos minutos de Cali conocido como El Valle de las Ninfas, es el escenario que inspiró a Henry Narváez para su primera exposición individual de fotografía que explora el desnudo masculino.

“Cuando supe de ese lugar, —afirma emocionado Henry— tenía mucha curiosidad de conocerlo. Por eso, busqué la manera de ir y contacté a personas cercanas que lo frecuentaban. Ahí, me encontré con un sitio donde había manes desnudos en los árboles, quienes esperaban por su cliente para negociar con él e irse a ‘tirar’ al río. Esa imagen inicial me pareció muy interesante, pues ahí se creaba una cuestión muy tremenda con el mito del fruto prohibido y el árbol”. Desde ese mismo momento, febrero de 2007, este artista caleño se dio a la tarea de crear una obra a partir de lo que estaba viendo. Por su cabeza pasó la idea de documentar el lugar y hacer un reportaje fotográfico de lo que sucedía, pero rápidamente se deshizo de ella por razones estéticas, pues no hubiera tenido el mismo resultado, de haber tomado fotos a escondidas detrás de un matorral.

De esta manera, y gracias a los referentes de grandes maestros del arte como Francisco de Goya (España), Pedro Nel Gómez y Luis Caballero (colombianos), Narváez comenzó a tomar fotografías con modelos en diferentes paisajes del Valle del Cauca (Colombia), Tequila y Temacapulín (Jalisco, México), quienes se montaban a los árboles para que el fotógrafo jugara con la luz natural y recreara diferentes figuras corporales, que narran, “de cierta manera, historias de la violencia que padecemos los colombianos, sin necesidad de mostrar sangre”, afirma el autor.

Henry Narváez ha sido un estudiante atípico de Licenciatura de Artes Plásticas, en el Instituto Departamental de Bellas Artes en Cali, pues en los cuatro años que lleva de carrera, hizo un año de intercambio en la Universidad de Guadalajara (México), dos exposiciones individuales, incluyendo “Adanes”, que estará expuesta hasta el 20 de junio de 2010 en la sala José Celestino Mutis de la Biblioteca Mario Carvajal de la Universidad del Valle, además de haber sido invitado a cuatro exposiciones grupales en México y Argentina.

Ahora los caleños tienen la oportunidad de ver “Adanes”, otro de los frutos de su afanosa carrera que no ha necesitado de obtener un título profesional para ir explorando su camino con diferentes técnicas, que van desde la pintura hasta la fotografía. Un artista que está atento a todo lo que sucede a su alrededor y que en esta ocasión se arriesgó a exponer al desnudo, los mitos de una sociedad puritana y excluyente, para la que el cuerpo no es más que la cárcel que esconde la desnudez de sus contradicciones.

De música ligera... y reencauchada

Últimamente me he dado cuenta que en la música pasa lo mismo que en la religión y la política, nadie puede discutir sin levantar ronchas. Es muy bravo hacerlo cuando uno es verde y el otro naranja, o cuando alguno es hincha del Divino Niño y otro del Gordito Buda.

Sin embargo, de mis problemas con la religión y la política he salido bien librado, porque mi ignorancia en estas materias ha hecho que la otra persona se sienta bien. Por ejemplo, al hablar de Jesús, siempre pregunto ¿cómo es que saben tanto de él? ¿Dónde puedo encontrar la receta para convertir el agua en vino? En cuanto a la política, las discusiones son más cortas, porque cuando pregunto por el pasado de algún político, la memoria falla y rápidamente pasamos a hablar de temas menos banales.

Ahora bien, en las discusiones sobre música mi suerte ha sido otra. Resulta que desde niño soy sordo. Aclaro, no es que carezca de este sentido, sino que para la música lo tengo negado. Recuerdo que comencé escuchando jazz, debido a mi afición por aprender saxofón, pero el precio del instrumento me llevó a los encantos de las baladas y el rock, que eran más fáciles de interpretar en una guitarra —de la cual sólo aprendí dos acordes—. Fue así como continué mi búsqueda en la prosa ecológica de Maná, el ensordecedor bullicio de los Rolling Stones, las verdes notas de Fito Páez, las enredadas poesías de Luis Alberto Spineta y los cueros de Héctor Lavoe, Rubén Blades, Tito Puente y Los Hermanos Lebrón.

Actualmente, estoy en la era de los ritmos de nuevas bandas, con tan buenos resultados que me he vuelto fanático de varias y manager de una de ellas: Pico y Placa (por favor no les cuenten mis problemas de oído, porque seguro me echan). Volviendo al tema de las discusiones musicales, hace poco me atreví a sostener una con melómanos salseros —de los que todavía escuchan LPs—, defendiendo las mezclas de géneros. Pues, creo que la música, como todas las artes, se pueden reinventar.

Ésta discusión la viví el fin de semana pasado cuando invité a estos salseros a la grabación de videoclip de la versión rock de “La Temperatura”. Un clásico de Los Hermanos Lebrón, que la banda caleña Pico y Placa interpreta como homenaje a estos dinosaurios de la salsa. Varios de ellos se alarmaron al oír esta amalgama de géneros de raíces negras, argumentando que era un sacrilegio. Sin embargo, contraataqué al contarles que el mismísimo José Lebrón —compositor de la canción— la catalogó como encantadora, al punto de considerarla mejor que la interpretada por ellos. Todavía tengo mis dudas si esa afirmación la hizo por cortesía con los pelaos, cuando se la presentamos, o porque no ha dejado de tener el tino para el rock, uno de sus géneros favoritos.

La verdad, no sé si logré convencerlos, lo que sí puedo afirmar es que soy un defensor de éstos despropósitos, pues considero que al hacer covers, respetando la letra y estructura de la canción, se logra llevar la música a nuevas dimensiones, donde los sordos escuchamos mejor.

Bonus Track: Como manager responsable, y para que ustedes se instruyan de mi sordera, aquí les dejo el link de esta versión rock de “La Temperatura”.

Soy un ciber-adicto amateur

Columna de esta semana,
publicada en ElClavo.com


Debo confesar que hace poco me di cuenta de mi adicción. Todo comenzó cuando decidí dedicarme a escribir. Desde ese momento, vivo prácticamente sentado frente a mi laptop —es vital manejar el bilingüismo en este ciber-mundo—, conectado permanentemente con mis fuentes de la web. Como parte de mi desintoxicación, argumento que el mayor interés que tengo en la escritura y el periodismo está en el trabajo de campo. Sin embargo, es inevitable la visita a San Google.

Mi problema se intensificó cuando decidí entrar en la era BB (BlackBerry). Ahí sí, me volví presa fácil de los emoticones, el PIN —quiero decir el BB PIN—, los e-mail y hasta los juegos en red. Mejor dicho, estaba alunizando en un terreno fértil para perder el tiempo. A pesar de que todos mis contactos tenían respuesta inmediata de sus mensajes, yo estaba cada vez más lejos de ellos. Llegué incluso a tener problemas con mi novia, porque había desarrollado la facultad de charlar con ella mientras ‘chatiaba’ con otro. Para mí era una virtud y no un defecto, ¡podía hacer dos cosas al tiempo! Pero, cuando ella prefirió enviarme un emotibeso, en vez de dármelo, supe que debía ir a Ciber-Adictos Anónimos.

Durante las sesiones de mesa redonda con los otros CAA, el diagnostico fue alentador: éramos ciber-adictos amateur. Eso quería decir que todavía deseamos el contacto físico. Y era obvio, ninguno lograba imaginar vivir una relación con su novia a través de una pantalla. Nada como el contacto físico. Nada como una conversación frente a frente. Nada más emocionante que oler y sentir.

Sin embargo, estando en este centro de rehabilitación, supe que existen engendros que evitan a toda costa cualquier contacto físico. Estos chinos son conocidos como Hikikimoris. Unos extraterrestres ojirasgados que se están multiplicando con cada nueva versión del Windows, que se relacionan gracias a las genialidades de Mark Zuckerberg (creador del Facebook) y las destrezas de Steve Jobs con su i-Pad. Como terapias de choque, nos hicieron ver videos donde dramatizaban la vida de aquellos amantes de la tecnología y la noche.

Son chinos entre los 15 y 25 años, que representan claramente cómo funciona un parásito. Resulta que debido a su afición por la red, dejan de salir a la calle y de ir a cualquier lugar más allá de su habitación —con baño—. En el día duermen, para evitar contacto con su abuela, madre soltera o padre ejecutivo. Y en la noche se levantan para tener su rutina. A eso de las 10:00 pm abren los ojos, hora ideal para evitar contacto con algún familiar. Luego de desayunar un sándwich saludable y lavar meticulosamente sus dientes —evaden ir al médico u odontólogo—, entran en la red. A eso de la media noche tienen su contacto sexual de rutina, luego se van de farra a dar bala en algún valle de un video juego. Entrada la madrugada almuerzan e ingresan a foros para saber qué hay de nuevo en la red. Finalmente, si la cuerda les alcanza o el día lo amerita, rematan con otro encuentro sexual, justo antes de que salga el sol.

Hoy tengo que agradecer a mi terapeuta, pues como tratamiento debo procurar mucho contacto físico… Espero no sea un nuevo problema con mi novia.

¡Por fin comenzó el Mundial!

Columna de opinión de esta semana,
publicada en ElClavo.com


A eso de las nueve de la mañana, este viernes 11 de junio, se dará el pitazo inicial en el cotejo, Sudáfrica versus Méjico, para así abrir oficialmente el decimonoveno Mundial de Fútbol. Un Mundial al que afortunadamente no va la Selección Colombia, pues así disfrutaremos de una primera ronda sin hacernos ilusiones y volver a sufrir un ridículo nacional.

Debo advertir que soy hincha furibundo de nuestra selección, por eso, lo anterior lo escribo con mucha tristeza, pues me gusta sufrir. Esto lo pueden corroborar mis amigos, quienes me vieron apretar nalga hasta último momento en la eliminatoria para Sudáfrica 2010, soñando con que los resultados nos iban a dar, tal como lo hice en la Liga Postobón con el Deportivo Cali. Bueno, ahora tocará vivir la agonía con Honduras, por aquello de que Reinaldo Rueda dirige dicha selección, y así no perder la costumbre de soñar con el triunfo, sabiendo que la derrota es un hecho.

Con el tema de la pasión mundialista tengo mi teoría. Si bien son muchos los que se declaran seguidores de este deporte y en nuestra sociedad nada es más fácil que armar un picado con cuatro piedras y un balón rucio en cualquier calle del país, creo que en mi generación —aquellos nacidos a comienzo de los 80— el sentimiento de frustración y admiración por los mundiales tienen otra motivación.

Resulta que nuestra niñez la vivimos siendo testigos de los fracasos de la Selección Colombia en los mundiales. Aunque no perdíamos el tiempo siguiendo las eliminatorias —pues para nosotros era casi lógico que Colombia fuera al Mundial— no podíamos dejar de verlo por televisión, más cuando Pelé había anunciado que Colombia podía ser campeón mundial. Una ilusión que se convirtió en obsesión, al punto que fuimos de nuevo protagonista de otra vergüenza mundial, cuando se cometió el asesinato de Andrés Escobar, en medio de USA 94.

Ya en nuestra adolescencia, siendo más conscientes de las sensaciones que producía este deporte, vimos en Francia 98 el preciado gol de “Calimenio”, que no nos alcanzó para pasar a segunda ronda. Sin embargo, ninguno sospechaba que este sería el inicio de nuestra zozobra frente al televisor, pues desde entonces no volvimos a asistir a ningún Mundial y ahora, lo lógico es que no vayamos. Admiro a los amigos que en ese momento sacaron al fútbol de sus vidas, pues cada cuatro años no sienten un vacío cuando no escuchan nombrar a la Selección Colombia entre los 32 equipos participantes.

Ahora bien, como fútbol-adictos que somos, celebramos que esta semana comience el primer mundial con sede en un país africano, donde la tecnología, las millonarias nóminas y las estrellas, prometen un evento deportivo mejor que el anterior.

En cuanto a nuestra Selección, habrá que esperar los frutos de la novedosa contratación de Hernán Darío Gómez. Un técnico histórico, por sus glorias en la época de mi niñez y el fútbol de antaño que sabe dirigir, quien tiene como tarea llevarnos al próximo mundial, donde Brasil no jugará las eliminatorias por ser el país anfitrión. Espero que esta ventaja nos sirva de algo, en caso contrario, no descartemos la idea de convocar de nuevo al Pibe Valderrama. Recuerden que el Pipa de Ávila regresó al fútbol colombiano y marcó gol. ¿Por qué no el Pibe? Yo doy mi voto a favor. Todo con tal de volver a sufrir, como Dios manda, la primera ronda de un Mundial de Fútbol.

Las encuestas sí existen

Aquí les dejo mi primera columna de opinión,
que seguirá publicando semanalmente en elclavo.com.
Pronto publicaré textos exclusivos para el blog.



El fin de semana pasado comprobé que el mito de las encuestas es una realidad. Como cosa rara, este viernes estaba de visita donde mi abuela, cuando de repente sonó el teléfono. Eran las tres de la tarde y mi paso por el apartamento sólo tenía como excusa recoger un libro, sin embargo ante la insistencia del teléfono y la ausencia de alguien más para contestar, levanté el auricular y atendí la llamada. Al otro lado de la línea estaba una mujer con voz de recepcionista de hospital, de esas que tienen un tono cantadito, preguntando por mí. De la intriga que me producía saber por qué me llamaban a esa casa, pasé a la sorpresa cuando me dijo: “… lo llamamos para hacer un sondeo de opinión sobre política. ¿La opinión que usted tiene sobre el presidente Álvaro Uribe Vélez es favorable o desfavorable?”, en ese momento, salté de la emoción, pues era la primera vez que me encuestaba e iba a ser responsable de bajar un poquitico los niveles de popularidad de Uribe, al contestar, con voz gruesa y segura: “Mi opinión es MUY desfavorable”.

De ahí, siguieron varias preguntas sobre los seis candidatos presidenciales (pobre Devia, Calderón y Araújo, ni en las encuestas telefónicas los incluyen) donde averiguaban qué pensaba de ellos, de sus propuestas y por quién iba a votar. De nuevo me emocioné al contestar que sería por Mockus. Luego de todas las preguntas, que no tardaron más de cinco minutos, me invitaron a una charla al día siguiente sobre el sondeo que me acababan de hacer, para analizar cómo ha sido la aceptación de las campañas de los candidatos en personas del común. Acepté con gusto la invitación y las condiciones que la mujer me advirtió, pues me dijo que no podía decir que trabajaba como periodista, sino que era simplemente Ingeniero Electrónico “independiente” —por fin mi carrera me servía de algo— y que debía estar el sábado, un día antes de las elecciones, a las 3:40 p.m. en el Hotel Intercontinental de Cali.

Cuando terminé la llamada, todavía me temblaban las manos de la felicidad de haber respondido con toda honestidad —por fin entiendo un poco cómo se siente Mockus después de cada entrevista—. Unos segundos después, me asaltó la siguiente duda: ¿por qué un día antes de las elecciones alguna firma, que no me quisieron dar el nombre, haría una encuesta y para qué, si ya no lo podían publicar? No quedaba otra que ir y averiguarlo.

Nos ubicaron en un pequeño salón a diez personas con una de esas psicólogas que no paran de sonreír y que logran mantener todo el tiempo el tono de voz cantadito de recepcionista. Estoy seguro que fue ella misma la que me había llamado el día anterior. Después de saludarnos, aclaró que no era una reunión para persuadir nuestra intensión de voto, sino un encuentro para escuchar nuestras opiniones sobre cómo están funcionando las publicidades de los candidatos (aunque a esa altura de las elecciones ya no tenía sentido). Luego de pasadas dos horas, donde nos habían bombardeado solamente con publicidades de Juan Manuel —confieso que el trabajo de JJ Rendón casi logra sensibilizarme—, me di cuenta que estaba participando en un sondeo mandado a hacer por la campaña de Santos. Curiosamente, la mayoría del grupo confesó que votaría por Mockus, tal como yo lo había hecho un día antes por teléfono, y defendió a capa y espada su voto. Sin embargo, debido a nuestra inocencia sobre las verdaderas intensiones de la reunión, les dimos muchos tips de porqué la publicidad de Mockus sí llegaba a la gente (por lo menos a los que estábamos ahí) y por qué nadie le creía a Santos cada vez que daba discursos, a pesar de estar bien preparados.

Al salir de la reunión, con un bono de $30.000 como regalo por haber asistido, el cual terminé dándoselo a mi abuela, iba pensando en que ya podía decir que las encuestas sí existen y que hay campañas que las mandan a hacer para cuadrarla a su amaño. Por eso, no me sorprendió tanto la enorme votación que tuvo Juan Manuel Santos el pasado 30 de mayo, pues si fue capaz de utilizar conejillos de indias verdes para mejorar su publicidad, qué tanto habrá hecho para convencer a votantes de poner una cruz en la cara de él y de Angelino. Una cruz que ojalá no vayamos a tener que cargar los próximos cuatro años.

Hollman Morris

Bueno, volví al blog.
Aquí la entrevista más reciente
que realicé para la REVISTA EL CLAVO.
Esta es una versión extendida. Espero comentarios.

Es uno de los periodistas más polémicos del país. Su vida la ha dedicado al tema del conflicto armado colombiano y desde su juventud, abogó por crear estrategias para que Colombia llegue a la paz. Por eso, hizo parte activa de la generación de la Séptima Papeleta, la cual dio origen a la Asamblea Constituyente y la Constitución del 91.

Actualmente, persigue los ideales de un país incluyente y democrático a través del programa de televisión Contravía –galardonado con premios como el Simón Bolívar y el India Catalina–, donde ha recorrido el país en busca de otras ‘colombias’: la Colombia afrocolombiana, la Colombia indígena, la Colombia de los líderes sociales y la Colombia de las víctimas del conflicto.

Ahora, este defensor de los Derechos Humanos, aceptó cambiar el papel de entrevistador a entrevistado y nos confesó, entre otras cosas, el miedo que siente por las amenazas de muerte que le ha hecho el Estado. Aquí, el resultado de esa tertulia.EL PODER DE LOS ME-DIOS

¿Por qué Hollman Morris se complica la vida trabajando en contra de la corriente?

Porque creo que la esencia del periodismo es contrapoder. Me enseñaron en la universidad, y acabo de ratificar en una conversación que tuve hace poco con el periodista Jon Lee Anderson, que los periodistas nos sentimos mejor en la medida que somos contrapoderes, que hacemos un ejercicio de vigilar y controlar al poder. Eso es lo que nos designan las sociedades, que los periodistas seamos veladores de la democracia, que seamos los ojos y oídos de una sociedad. Desde este punto de vista, me paro a ver y a tratar de denunciar dónde están metiéndole goles a la sociedad, por eso voy en contravía y cuestiono fuertemente a las que hoy se llaman las grandes periodistas, como Claudia Gurisatti, que desayuna, almuerza, cena y se va de rumba con el poder. Después se da el lujo de dar e impartir clases de ética a periodista que hemos hecho de nuestra carrera un compromiso con la sociedad.

A propósito del poder, ¿en nuestro país, los medios de comunicación todavía se pueden considerar el cuarto poder?

No, hace tiempo creo que son el primer poder, especialmente la televisión. Hoy, la televisión es la Ministra de Educación en América Latina. Éste es el medio por donde dice la gente que se informa, que se genera opinión y unos supuestos imaginarios. Ahora bien, vale la pena analizar qué televisión tenemos acá. Tenemos una televisión sin documentales, una televisión que no aporta casi, una televisión que no tiene un proyecto de país en la cabeza.

Entonces, ¿quién dice la verdad en este país?

Para saber quién dice la verdad, creo que los colombianos deben escuchar y creerles a las víctimas del conflicto, de la guerrilla, del secuestro, de los paramilitares. Debemos hacer un ejercicio como sociedad de escucha a todas las víctimas, no solamente a las afectada por un actor del conflicto. Creo que esa verdad la debemos entender y analizar para trata de construir el país que le queremos dejar a nuestros hijos. En Colombia serían más creíbles nuestros medios de comunicación, sobre todo los de la televisión, si no pertenecieran a grandes grupos económicos. Por ejemplo, en otros rincones del mundo hay grandes monopolios dedicados exclusivamente a los medios de comunicación. En cambio, en Colombia, grandes grupos económicos dedicados al azúcar, a las gaseosas, a los aviones, a la construcción, en fin a mil cosas, tiene como herramienta de la empresa a los medios de comunicación y eso creo, no le hace bien a la democracia, no genera una calidad informativa. Ojalá, tuviéramos más medios de comunicación, más canales de televisión, más revistas. Soy un convencido que entre más medios de comunicación hayan, mejor la calidad informativa de una sociedad y así se cualifica la democracia.

Y los medios alternativos en Colombia, ¿qué papel juegan?

Veo muchos medios alternativos hablándole solamente a su tribu, cuando la función como medios alternativos debiera ser atraer otros públicos, otras audiencias. En ese proceso uno ve que desperdician grandes noticias. Creo que los medios alternativos hoy, y esto lo digo sabiendo que me pueden lanzar tomates, debieran hacer una gran coalición para generar un gran medio a nivel nacional, que tuviera repercusión sobre la opinión pública y que generara opinión sobre las otras agendas del país.

¿Cuáles son esas otras agendas?

Creo que hay otros sectores del país que quieren leer y escuchar sobre otras cosas. Por ejemplo, cuál puede ser la agenda de la paz, cuál puede ser la agenda del pos-conflicto, cuál es la agenda de los recursos naturales, cuál es la agenda del agua en Colombia, cuando sabemos, y así lo han dicho diversos analistas internacionales, que las próximas guerras del mundo serán por el agua y Colombia hoy es una potencia hidrográfica. Sin embargo, nadie habla de esos temas.

Ahora bien, ¿por qué amenazan y persiguen a periodistas y medios de comunicación, tan poco populares y masivos, como ustedes?

Precisamente me he hecho esa pregunta en las últimas semanas. Hollman Morris se ha convertido en víctima. Me di cuenta que desde 2004 mis padres, hermanos, cuentas bancarias, el colegio de mis hijos, mis llamadas, toda mi vida estaba controlada de manera ilegal. Entonces me pregunto, ¿cuál ha sido mi pecado? ¿Tener un programa de televisión ¡a las once de la noche!? Un programa que denuncia las atrocidades de un conflicto y la barbarie de todos los bandos. Les resulta supremamente incómoda cualquier mínima divergencia con la política oficial. Me di cuenta que para el señor Noguera, para el señor José Miguel Narváez, para el señor Jaime Ovalle, soy, textualmente, “un blanco político”, un blanco al cual le tiene que hacer inteligencia y desestabilizar psicológicamente.

LA EDUCACIÓN EN BLANCO Y NEGRO

¿Cómo hacer para que la gente joven se interese por lo que pasa en el país?

Hay que enamorar a los jóvenes. En este momento hay una juventud colombiana que está esperando que una izquierda la enamore, que una izquierda salga de esas peleas entre caudillos y salga a proponerle cosas a esa juventud. Desde la derecha veo que hay jóvenes interesantes que enamoran y llaman a otros que se identifican con ellos, como Gina Parodi, como un Simón Gaviria, como Manuel Galán, el mismo David Luna. Pero también creo que algunos jóvenes colombianos, hoy están pegándose a un proyecto de guerra y de odio, porque desconocen precisamente la historia del país y creen que es bueno apostarle a la guerra porque sí. Creo que hay un sector del país que está en deuda con inventarles sueños a esas nuevas generaciones de colombianos.

¿Qué aciertos y desaciertos tiene el sistema educativo colombiano?

Creo que la academia colombiana sigue yendo por un lado y la realidad del país por otro. Todavía no hemos logrado que la academia se meta de nuevo en los debates nacionales. La academia debería ser un punto de calma, de apaciguamiento, de análisis para muchos de los debates nacionales. Pudiera ser una voz que irrumpa con fuerza.

¿Qué cátedras obligatorias deberían tener toda carrera universitaria?

Para mí, grandes dosis de Historia. Todas las carreras, todo profesional colombiano que sea llamado a cambiar la historia de este país, que sienta la inclinación de construir un país incluyente y más democrático, tienen que recibir grandes dosis de historia de este país. El arquitecto, el odontólogo y qué se decir de los futuros periodistas. A esa cátedra la acompañaría con otra de Responsabilidad Social. Ojalá las grandes universidades de este país pudiéramos hacer el ejercicio de vincular al estudiante todos los días con la realidad de los sectores más humildes, de los sectores más desfavorecidos, de los sectores afrocolombianos, indígenas, para que cada día el futuro profesional colombiano se sienta orgulloso de ser colombiano, pero que se sienta orgulloso en la medida que se sienta un poco de indígena, afrocolombianos, campesino, que se sienta conectados con esas realidades de país.

LA CONTRAVÍA POLÍTICA

En las próximas elecciones, ¿quién sería un buen candidato para la presidencia de Colombia?

Yo me aparto de todos los candidatos que como loros repiten: “seguridad democrática, seguridad democrática, seguridad democrática…”, es el caso de Noemí Sanín y de Juan Manuel Santos. Yo soy de los que creen, que la seguridad democrática tiene unas profundas deudas con Derechos Humanos y no se puede repetir. Me inclino más por una propuesta que surge desde el Polo o surge desde Mockus y Fajardo. De una seguridad donde prevalezca, primero, el respeto a los Derechos Humanos y segundo, donde el verdadero tanque de guerra, que hoy necesita Colombia, sea la educación. Esa es, a mi manera de ver y creo en ella, la fórmula para desactivar parte del conflicto. Si se pudo incrementar, en no sé cuántos puntos del PIB se destinaron para la guerra, esos mismos puntos destinarlos para la educación. Según los matemáticos, Antanas y Sergio, con esa destinación ni un solo colombiano se quedaría sin educación. Le apuesto a eso, a esa seguridad.

Sin embargo, hay muchos que aseguran que ganará de nuevo un modelo de gobierno uribista, ¿usted qué opina?


Lo que dicen las encuestas es que ganará la propuesta de Juan Manuel Santos. Pero aquí vale la pena hacer el siguiente ejercicio. En 1989 la máquina de muerte del paramilitarismo asesinó a tres candidatos presidenciales. En ese entonces nos inventamos la Constitución del 91 para detener la oleada de sangre y crear una Constitución que le aportara a la paz. Pasaron 10 años y el paramilitarismo se fortaleció. El narco-paramilitarismo logró en el año 2000 ocupar el 35% de Congreso de Colombia, lograron refundar el país a costa de miles y miles de muertos. Hoy, en las elecciones pasadas, vimos cómo los partidos políticos que promueven la propuesta de Álvaro Uribe Vélez, son los partidos políticos que más representantes, ellos o sus familiares, están involucrados con la propuesta del narcoparamilitarismo. Es decir, eso no lo puede repetir Colombia. Pero todo indica que este es un sector que ha venido ganando, a costa de muertos y de mucha sangre, el poder. El reto ahora es que los colombianos, y sobre todo los jóvenes, renuncien a la guerra. Este país no se puede construir por la senda del odio.

Finalmente, ¿qué viene para Hollman, después de los tres capítulos que le restan a Contravía, debido a problemas de financiación?

(…) Uhmm, bueno, toca volver hacer la tarea. Escribir proyectos y, a lo mejor, realizar la propuesta que un amigo me sugirió, de crear en Facebook una Minga, una Teletón, con el fin de recoger fondos para cada capítulo de Contravía. Ahora, estoy aprendiendo inglés, pues este año me anunciaron que había ganado la Beca Nieman Foundation, de la Universidad de Harvard para estudiar un año periodismo.

BONUS TRACK

Libro: Manual de tolerancia de Héctor Abad Gómez
Película: La vida es bella
Artista musical: Grupo Niche y la salsa en general
¿A quién quiere darle clavo? A Uribe. El presidente Uribe tiene que responder por lo hecho por el DAS. Él es su jefe inmediato y el país está esperando una respuesta. Uribe no puede salir limpio del escándalo del DAS.

Dando roca en la U

"Esta es una de las causas por las que mi producción en el blog ha estado tan irregular.
Pues me encarreté mucho con el género de la Crónica y aquí está el primer resultado.
Esta crónica fue publicada en la Revista El Clavo ED 48.
Espero sus comentarios."


Preparándose para la rumba

Camilo está ansioso. Se ha fumado alrededor de 10 puchos en la media hora que llevamos alistándonos para el tropel que habrá en la universidad. Lleva 4 años sin participar en uno y sus emociones encontradas le dan ganas de cancelar. Ya se siente oxidado para hacer parte de una de estas “rumbas” y el encanto por bailar al ritmo de las papas bombas y el gas lacrimógeno ha desaparecido.



Camilo Trejos Ramírez , estudiante de último semestre de Ingeniería de la Universidad del Valle, se ha destacado por ser uno de los mejores estudiantes de su Facultad y por trabajar en diferentes grupos de investigación, relacionados con el Desarrollo Sostenible. También, es reconocido por sus fuertes inclinaciones hacia el socialismo.

“Yo empecé a volverme mamerto más o menos a los 13 años. Tengo un tío que fue militante del M-19 y después estuvo en el ELN. Yo crecí escuchándole sus historias y leyendo a Marx”. Comenta emocionado mientras me enseña su nutrida biblioteca, donde se destaca la obra completa de su homónimo el Cura Camilo Torres. “Cuando llegué a la Universidad prácticamente ya me había leído El Capital y todos los textos canónicos del Marxismo”.

En el colegio, Camilo no era un estudiante destacado y sociable, más bien parecía un adulto enfrascado en cuerpo de niño. “Mientras los demás compañeros en los recreos jugaban fútbol, él iba a la Sala de Profesores a charlar con un Docente que conocía a mi hermano, quien le contaba sobre los grupos estudiantiles de Univalle”, comenta de repente su mamá que ha entrado a la biblioteca. Trae un par de jugos en una bandeja, “jugos en leche para que no le vaya a dar tan duro los gases”, bromea Doña Norma mientras se retira de la habitación. Camilo cuenta que su mamá, “que también es medio izquierdosa”, siempre supo cuándo iba a tropelear y aunque sentía mucho miedo, nunca lo censuró.

“Desde que estudiaba en el colegio, en las tardes, me iba con el profe para la U. Ahí empecé a conocer mucha gente. Cuando ingresé a primer semestre, entré a hacer parte activa de un grupo estudiantil, que obviamente tenía más intereses políticos que académicos”. Camilo sorbe el último trago de jugo, apaga el cigarrillo en el cenicero —que ya tiene más de 15 colillas acumuladas— y se levanta para ir a su cuarto. Del closet saca un pantalón, una capucha y un saco de cuello alto que tiene amarrado en la manga izquierda un cinta roja, con la imagen borrosa del Ché Guevara. Es el uniforme con el que muchas veces dio roca y que ahora conserva como un recuerdo de la época que más lo ha marcado en sus 23 años de vida.

Los tropeles en las universidades públicas colombianas comenzaron en la década del 70, cuando los estudiantes protestaron por los acuerdos que el Gobierno realizaba con entidades extranjeras, como la Fundación FORD y la Fundación Rockefeller. En ese momento comienza a agitarse la bandera de la defensa de la universidad pública y se logra incluso extender el conflicto a universidades privadas, entre ellas la Universidad Libre de Bogotá, La Universidad Externado de Colombia, la Universidad Santiago de Cali y la Universidad de Medellín.

Carlos Medina Gallego, Licenciado en Ciencias Sociales y Magíster de Historia de La Universidad Nacional, en su libro Al calor del tropel afirma que el actual movimiento estudiantil carece de organización nacional. Argumenta que las luchas al interior de cada universidad sólo están generando apatía entre los estudiantes y se está produciendo un efecto inverso al de los 70: la despolitización.

A pesar de que los tropeles se han desdibujado, Camilo conserva gran simpatía por esa rebeldía estudiantil. Todavía, se emociona cuando habla sobre los momentos previos al tropel. “Lo primero que debe haber es un momento de coyuntura en la U, que motive el tropel. Primero, se convocan asambleas, mitins o foros de discusión, mientras se madura la idea del tropel. Se hace la evaluación de cuánta gente tiene uno, no se sale con menos de 30 tapados (encapuchados). Luego, se reúne la cuota. En esa época dábamos $10.000 cada uno para comprar los insumos. Días antes del tropel nos íbamos tapados a hacer ‘pintas’ (grafitis) en la U, para que la gente comenzara a pillar que algo iba a pasar. En ese sentido, los tropeles eran distintos a los de ahora. El tropel era el último momento de un proceso. Ahora, lo que pasa es que muchas veces ni siquiera el que sale, sabe por qué lo hace y a veces salen sin un comunicado donde expresen las razones que motivaron la acción”.

El momento más tensionante antes de todo tropel es precisamente la compra de los insumos para las papas bombas, pues el aluminio negro, principal ingrediente, no se vende libremente. Muchos piensan que las llamadas papas bomba son en efecto papas que se rellenan de algún material que reacciona explotando, pero no es así; las papas son una mezcla de aluminio negro, azufre y cloruro de sodio, que se enrolla en un pedazo de papel aluminio con una piedra plana o una moneda, en la mitad.

“El momento de cocinar (hacer papas bomba) era muy bonito. Uno se parchaba todo un día en un salón camuflado de la U, a hablar mierda, escuchar música y tomar pola…”. De repente, Camilo se queda en silencio. No sé si la razón es porque debemos bajar del bus, o por la imagen que nos recibe: una tanqueta del Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios) parqueada a pocas cuadras de la Universidad. “¡Uy hermano, los sapiaron!”, es lo último que dice mientras caminamos hacia la Univalle.

En medio de la farra

El reloj de Camilo marca las 10:00 a.m. al entrar a la Universidad. La sensación de tensión que sentimos, contrasta con el ambiente al interior. Después de un largo recorrido por la Universidad, Camilo confirma que habrá tropel. Señala hacia el frente para mostrarme un grupo de encapuchados que están concentrados en la plazoleta de la Facultad de Ingeniería. La imagen es impactante. Son alrededor de 10 jóvenes formados, mientras uno de ellos grita algo, que no alcanzamos a escuchar.

Súbitamente, aparecen más encapuchados que vienen de la parte de atrás de la Universidad. Varios de ellos caminan a paso acelerado y corean una consigna que emociona a Camilo. Como si se tratara de una oración, la repite en voz baja: “Mi voz la que está gritando, mi sueño el que sigue entero, y sepan que sólo muero, si ustedes van aflojando. Porque el que murió peleando, vive en cada compañero. ¡Venceremos!”. En ese nuevo grupo, hay dos capuchos con bolsas en cada una de sus manos, que son escoltados. “Ese par de personajes son los que más se deben cuidar, pues ellos son los que llevan los ‘juguetes’ y el material para seguir cocinando en medio de la ‘fiesta’. Si le van hacer algo a alguien, que se lo hagan a cualquiera menos a ellos”.

La avanzada ha comenzado y el tropel es un hecho. Mientras los seguimos, a una distancia prudente, los capuchos entregan hojas con un comunicado que titula: “No reelección, sí revolución”. A nuestro paso, se ven estudiantes con el seño fruncido que van en contravía, otros se notan preocupados, algunos se asustan y otra cantidad considerable, se emociona y comienzan a unirse a la caravana.

El primer grupo que ha llegado a la calle lanza las primeras papas explosivas. Tres de ellos paran un bus, bajan a la gente y al conductor. Atraviesan el bus en la calle, le pinchan las llantas y lo pintan. “Esa es una estrategia para ganar tiempo y territorio antes de que llegue la Policía, ya que la tanqueta debe arrastrar el bus para poder abrirse paso hacia la portería de la U”. Me explica Camilo, mientras saca del maletín una pañoleta verde que moja con leche. Sabe que hoy la Policía no demorará los 20 minutos tradicionales, por eso tiene el pañuelo listo para contra restar el efecto de los gases lacrimógenos, que pronto comenzarán a tirar los del Esmad.

Un fuerte estruendo a pocos metros de la portería, nos alerta sobre lo cerca que estamos del enfrentamiento. La gente que está viendo el tropel, retrocede rápidamente para alejarse del peligro. De repente, el ambiente se inunda de gases y el sonido de la tanqueta empujando la reja de la entrada, advierte del estado del tropel. En pocos minutos la Policía se apodera de la calle y atrinchera a los encapuchados en la Universidad.

El conflicto se alarga durante una hora, donde se mantiene una rutina agresiva de lanzarse, papas y gases. Los estudiantes que han decidido quedarse a ver el tropel, parecen no sentir peligro. Varios de ellos animan a los encapuchados. Otros, mientras compran helados a un vendedor ambulante que está en medio de la multitud, comentan “lo aburrido que se puso el tropel”, porque cada vez suenan menos explosiones.

De un momento a otro, un fuerte estruendo nos aturde. Camilo se apresura a comentar que es el momento de la huída, ya fue suficiente y es probable que la Policía se meta a la U. También nos damos cuenta que los capuchos se han retirado en medio del humo de la última explosión.

Camilo camina en contra de la multitud, que todavía sigue enérgica, creyendo que están en medio del tropel. Prende un pucho, guarda la pañoleta —que tanto nos ayudó a evitar el fastidio del gas— y sigue su camino, recogiendo los pasos de este tropel que vivió desde la barrera.

El after party

La Universidad quedó desolada después de la “fiesta”. Una vez más los excesos la han lesionado, dejando un tufo amargo en su aliento. Queda una pesadumbre que advierte la resaca del mañana. Otra rebelión con olor a pólvora que está creando alergias a todos aquellos que se quieren acercar.

En el trayecto de regreso a la casa de Camilo, el silencio se ha apoderado de nosotros. Él observa distraído por la ventana mientras juega insistentemente con el papel del comunicado que nos entregaron. Después de medio recorrido, y sin dejar de mirar por la ventana, confiesa que decidió abandonar las filas de su combo cuando dentro de la Universidad mataron a Jhonny Silva, un estudiante que nada tenía que ver con un mitin que hubo momentos antes de que La Muerte le ganara la carrera debido a una limitación motriz que tenía en sus piernas.

“Cuando mataron a este pelado (Johnny) dentro de la universidad, las dinámicas del tropel cambiaron. Ahí empecé a descubrir que me estaba convirtiendo en lo que yo realmente odiaba. Me estaba volviendo el man más sectario y me reprimía de cosas, como tomar Coca Cola o fumarme un Marlboro, sólo porque eran ‘vicios burgueses’”. Camilo enrolla con más fuerza la bola de papel en la que ha convertido el comunicado del tropel. Toma aire y continúa: “Todavía creo que la violencia es necesaria, pero no una violencia que se perpetúe. Todo acto violento tiene que procurar ganar el mayor reconocimiento en la base, que es algo que no pasa y que, desafortunadamente, en este país nunca va pasar porque las insurgencias están muy deslegitimadas y con toda razón. Sin embargo, sigo compartiendo esos ideales románticos de la juventud revolucionaria. Creo que es necesario seguir pensando otro mundo que no sólo es posible sino urgente”.

Antes de despedirnos, Camilo deja claro que, a pasar del riesgo vivido y los problemas de seguridad que tuvo —medidas cautelares del Ministerio del Interior y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos—, no se arrepiente de nada. Finalmente, me entrega la bola de papel, como si quisiera despojarse del recuerdo del tropel de hoy y se despide sentenciando que: “Las cosas en la U han cambiado tanto que podrían llegar al punto de que las papas se las tiren entre ellos mismos, convirtiéndose en una fiesta privada que fracciona y debilita la universidad”.